La pelea 
Hoy, ha llamado la seño a mis papas, porque he sido un niño muy, pero que muy malo.
Tengo que decir en mi descargo, que todo se debió a un pequeño malentendido. Aun así, me ha advertido muy seriamente, de que si esto se vuelve a repetir, me expulsara del cole y no podré volver más a clase.
Todo ha comenzado al entrar esta mañana. Yo iba hacia mi mesa como cualquier otro día, cuando observe a un remolino de niños y escuche que alguien sollozaba. Sin más, me acerque por simple curiosidad, para ver de que se trataba. Ante mi sorpresa, vi a Luly llorando completamente desconsolada. Instintivamente mire furioso a mí alrededor, intentado averiguar quien había sido el sádico malvado, que había hecho daño a Luly. El niño malo estaba allí, de pie, junto a ella. Su fea cara, dibujaba una amplia sonrisa de oreja a oreja. Fue entonces, cuando me pareció verlo todo completamente claro.
No sé muy bien que fue lo que me paso, pero sentí una oleada de calor subiendo por mi espalda e inundando mis mejillas. Según me dijeron después algunos de los niños presentes, mis orejas se pusieron completamente rojas, por lo que debí de parecer un autentico tomate. Lo siguiente que recuerdo con claridad, es que tuve una sensación de ahogo muy fuerte, como si me faltara el aire. Comencé entonces a respirar muy deprisa y de forma algo agitada. Un instante más tarde, un desconocido temblor recorrió todo mi cuerpo y de pronto, sin saber bien como, salte. Fue como si se me hubiera roto algo por dentro, liberando un muelle que llevaba en mi interior, el cual me catapultó violentamente hacia delante, abalanzándome como un rayo, contra el sonriente y despreocupado niño malo, al que propine un tremendo puñetazo aprovechado aquel formidable empuje inicial. Luego nos enganchamos y rodamos por el suelo de la clase durante unos instantes, como si fuéramos dos fieras salvajes rabiosas, derribando todo lo que se atravesaba a nuestro paso.
La pelea, por suerte, no duro mucho más, ya que en ese mismo instante había entrado la seño, quien nos separo en un momento, tirándonos a ambos dolorosamente, de nuestras queridas y pegadas orejas.
La seño nos recrimino muy seria durante un buen rato, aunque en ningún momento nos pregunto sobre las causas de aquella pelea.
Como castigo, nos tuvo todo el día de pie, mirando hacia la pared.
Yo de vez en cuando veía de reojo al niño malo. No podía remediarlo, me intrigaba su hinchado ojo, pues había ido cambiando de color progresivamente. Primero estaba más bien rojo, luego empezaron a aparecerle unas manchas algo azuladas y finalmente todo tomo un tono morado bastante oscuro.
Tengo que reconocer que el niño malo, nunca deja de sorprenderme. Al salir de clase estaba como si nada hubiera pasado, aunque si se me acerco, solo me dijo en tono amigable y algo jocoso “muy buena pelea chico” y se marcho sin más.
No me atreví a decirle nada, aunque me hubiera gustado pedirle disculpas por mi descomunal error, ya que Luly, no lloraba por algo que él le hubiera hecho, sino porque le habían obligado a llevar un grande y feo parche en el ojo derecho, parche que yo, desgraciadamente, no vi hasta mucho después.
Según me intento explicar ella, parece que sus papas y un señor con una bata blanca, se lo habían puesto, seguramente como castigo, ya que les había oído decir algo de ser una niña vaga.
En fin, espero que mañana todo vuelva a la normalidad, aunque después de todo, me siento contento, por lo que he aprendido hoy. Puedo llegar ha ser capaz hacer cosas extraordinarias y comprendo que lo aparente no siempre es verdad, por lo que es mejor asegurarse primero.


Moraleja: El valor existe en tu interior, ¡Encuentralo!.

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Un vuelo fantástico 
Estaba en la calle, junto a mi casa.
Yo iba corriendo deprisa, aunque no recuerdo porque.
Cada vez corría más y más.
Cuando más deprisa iba y sin apenas darme cuenta, comencé a mover los brazos como me habían enseñado en las clases de natación, este verano.
De pronto, note que mis pies casi no tocaban el suelo y tuve la sensación de flotar en el aire, como cuando me coge mi mama en sus brazos, para acostarme.
Continué moviéndolos, pero mucho más deprisa y me eleve un poquito.
Puedo volar, pensé y entonces note que subía más rápido.
Mire a mí alrededor y pude ver a mi tía Luisa, a través de la ventana de su casa.
Estaba muy ocupada, peleándose por sacar un rico pastel de manzana del horno.
Aunque le hice muchas señas y le grite, ella no pareció verme.
Oí unos fuertes ladridos y mire hacia abajo.
Vi al perrito de Luly.
Estaba saltando y corriendo de lado a lado de la valla.
Le gruñía al cartero de barrio, mientras este, intentaba echar las cartas al buzón.
Seguí moviendo los brazos con más fuerza, para ver cuanto podía subir y pronto alcance a ver los tejados de las casas y las formas, perfectamente cuadradas que dibujan los setos que las bordean.
Las copas de los árboles estuvieron entonces a mi alcance.
Encontré, que había pajaritos escondidos entre las hojas.
Al princío, parecían asombrados e incrédulos, al ver a un niño tan cerca de ellos y de sus pequeños nidos, pero enseguida comenzaron a piar desesperados.
Me pareció que se habían asustado y que estaba muy nerviosos.
Para tranquilizarles, les dije con voz muy suave, que no se preocuparan, que yo era un niño bueno y que no les iba ha hacer ningún daño.
Continué moviendo los brazos y procure alejarme de los árboles, para no molestarlos.
Subí y subí, hasta que logre alcanzar una nubecita, que vagaba solitaria por el cielo azul. Intente cogerla, pero no pude, porque cuando la tocaba, se deshacía entre mis dedos.
Sentí un impulso y sin saber muy bien porque, me lance hacia ella y metí dentro.
Me sorprendió mucho, solo se veía el color blanco y note que hacia mucho frío dentro.
Al momento, algo comenzó a pegarse en mi nariz.
Cuando la toque, pude notar que eran como unos pequeños cristalitos.
Creo que eran de hielo, porque se deshacían cuando intentaba cogerlos y me mojaba.
Salí entonces de la nube y mire hacia abajo.
Estaba muy alto, pero no sentía cosas raras en la barriguita, como cuando mis papas me asomaron un día al puente, para que pudiera ver el río.
Pude ver, que debajo de mí, estaba el patio del colegio.
Había muchos niños jugando.
Busque con la mirada, para ver si estaba mi amiga Luly.
Quería enseñarle que podía volar.
Cuando conseguí localizarla, la llame gritando su nombre lo mas fuerte que pude, pero ella continuaba jugando con su muñequita Luna y parecía no oírme.
Pensé, que estaba demasiado alto y decidí entonces mover los brazos más despacito, con el fin de ir bajando poco a poco hacia el cole.
Mientras descendía, empezó a hacerse todo, poco a poco más oscuro.
Volví a llamar a Luly, pero esta, continuaba aparentemente sin escucharme.
Antes de que pudiera tocar el suelo, ya no se podía ver absolutamente nada.
Todo estaba negro y solo podía escuchar el estruendoso bullicio de los niños.
De repente, pude oí claramente la voz de Luly.
Note que me tocaban el hombro y en ese instante se hizo la luz.
Puede ver entonces su risueña carita y como me miraba con sus bonitos ojos.
Tarde un poquito, pero enseguida lo comprendí.
Me había despertado de la sienta y estaba en el cole con Luly.
Todo había sido un simple sueño, pero había sido algo realmente fantástico.

Moraleja: El hombre solo es realmente libre y feliz en sus sueños




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El gusano genetico 
Hoy, en el colé, la seño nos ha enseñado que todos los niños tenemos un gusano adentro.
Al principio lo llamo bilogio, pero después cambio de opinión y dijo que se llamaba gen.
Nos enseño unos dibujos. Es un bicho... como hecho todo de bolitas de colores, que se retuerce y dan vueltas sin parar.
La seño ha dicho, que la culpa de todo lo que hacemos los niños, la tiene ese bicho.
Yo, creo que como el resto de los niños, no me lo había creído, pero Luisito en el recreo nos contó a Luly y a mí, que él ya sabia lo del bicho y que cuando estas durmiendo puede meterse por el agüerito de la barriga.
Luisito lo sabia, por que se había dicho su hermano mayor, que va a segundo. El se entero por que lo dijeron por la tele y lo llamaban goaul.
Nos contó que todos no tenemos ese bicho, pero que cuando logra meterse, tu ya no eres tu, pero que no lo sabes.
Luly después, se quedo muy preocupada y yo también, aunque no dije nada e intente disimularlo para que ella no se asustara más.
Durante la siesta, no me podía dormir imaginando como se metía el gusano por el agujerito de mi tripita.
Pensé que alo mejor esa era la causa de que los mayores fueran así raros.
Luego decidí que yo no quería ser como ellos, yo quería seguir siendo yo y me propuse concentrarme muy muy fuerte. Se estaba acabando el tiempo de la sienta, cuando conseguí imaginarlo claramente.
Ahora, ya no nos tendremos que preocupar nunca mas por ese maldito bicho y lo mejor de todo, fue ver los ojos de Luly y la cara de felicidad que puso, cuando se lo conté.
Menos mal que traía el royo de celo casi sin empezar y llego para todos, que si no…mañana, alguno, ya no seria él mismo.

Moraleja: Si el miedo no te paraliza, agudizara tu ingenio




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Los Primitivos 
Hoy, la seño, nos ha estado contando unas cosas de dos señores.
Uno se llama nedental y el otro comañon.
Estos señores tienen muchos años y viven los dos juntos dentro de una cueva que ellos llaman caverna.
En la cueva no tienen ni juguetes ni televisión ni de nada.
Son muy cochinos y esta todo sucio porque cuando comen lo tiran todo por el suelo y esta lleno de huesos y de polvo.
Según ha dicho la seño, se dedican ha encorrer a los animalitos del bosque y también hacen unas cosas, que creo, se llaman copolitas y que sirven para coser si le pasa un cordel por un agujero, pero no lo deben de usar, porque llevaban la ropa toda rota.
Juegan mucho con el fuego y seguro que luego se mearan en la cama, eso me lo dijo mi mama, aunque la seño no nos ha comentado nada de esto y solo ha sonreído cuando se lo he preguntado.
La seño nos ha enseñado también, unos dibujos que habían hecho.
Uno había pintado un animalito todo de rojo y el otro lo había pintado todo de negro.
La seño ha contado que a los señores se lo encontró alguien que descendió de algún sitio.
Yo supongo que debió de llevarse un buen susto al verlos.
Nos enseño también unas fotos de los dos señores.
Tienen los dientes muy sucios, a mi se me ponen así cuando como chocolate y supongo que ellos no se los deben de lavar al irse a la cama.
Uno tienen la nariz muy grande y es mas bajito que el otro, pero los dos son bastante feos.
Luly me dijo al oído, que el mas bajito se parecía mucho al niño malo y yo le dije que no, que era igual.
Antes de marcharnos la seño nos ha mandado traer mañana algunas piedras, pero como estaba distraído con Luly, no me he enterado para que eran y de camino a casa mi mama no me ha dejado cogerlas.

Moraleja:dos son pareja, tres multitud


niño malo - neandertal - cromañon

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El Papa Noel 
Que sorpresa mas grande me he llevado hoy.
Me he enterado que el papa de Luly, es en realidad el Papa Noel.
Estábamos haciendo cadenetas de cartulina con la seño, para adornar la clase, cuando ella , despacito, se me ha acercado y me lo ha contado todo, en voz muy baja, al oído.
Luly ha sido siempre una niña algo tímida y retraída, pero conmigo tiene confianza y siempre termina contándome sus secretos.
A veces, incluso me ha pedido ayuda, por alguna cosa que le daba miedo.
Me dijo que ella lo descubrió ayer y ahora se sentía preocupada porque no sabia que debía de hacer.
En su casa, siempre le habían dicho que su papa trabajaba de bilologo marino o algo así, aunque ella, no supo decirme que era eso.
Me contó también, que su papa pasaba largas temporadas fuera de casa y que su mama siempre le decía que era a causa de su profesión.
Cuando preguntaba donde estaba papa, su mama siempre le decía que estaba muy muy lejos y una vez estando de regreso su papa, le enseñaron unas fotos de donde había estado en aquella ocasión.
Le dijeron, que eso era el polo Norte y se veía todo con mucha nieve y todo lleno de hielo.
Ayer, era un día como otro cualquiera y Luly estaba jugando con unas bolitas de colores, de esas que tienen caritas, cuando una, la mas revoltosa de todas, salto de sus manos y dando botes se escapo de su habitación.
Corrió y corrió por el pasillo hasta esconderse, metiéndose por debajo de una puerta.
Esa bolita concretamente, es muy traviesa y no era la primera vez que se le escapaba.
Me dijo, que la ultima vez, había tardando varios días en encontrarla, porque además, era muy lista y sabia esconderse muy bien.
Pero esta vez la había visto escaparse y ella sabia exactamente por donde había salido corriendo.
Cuando pego la carita a la madera del suelo, pudo verla.
La bolita le daba la espalda y Luly le dijo varias veces que saliera, pero parece que la bolita no tenia ninguna intención de entregarse.
Como Luly es mas pequeñita que yo y no llega a la maneta de la puerta, fue a llamar a su mama para que le abriera la puerta y poder así, recuperar su bolita, pero la encontró dormida en el sofá delante de la tele.
Tenia cara sentirse feliz y se veía que estaba disfrutando de un buen sueño.
A Luly le dio pena y no la quiso despertar.
Como ella sola no podía abrir la puerta, no le quedo mas remedio ingeniarse un plan.
Después de un ratito se le ocurrió la gran idea.
Con el taburete de plástico que tiene en su cuarto alcanzaría la maneta.
Cuando la consiguió girar y la puerta se abrió… no podía creer lo que veían sus ojos.
La sorpresa que se llevo fue tan grande que casi se cae del taburete.
Colgado de la percha de un estante estaba el traje de Papa Noel.
Luly no se lo podía creer.
Pero por si hubiera alguna duda, al lado del traje estaba su enorme saco blanco, seguramente, lleno con los juguetes que se iban ha repartir este año.
Luly cojio la bolita, cerro deprisa la puerta y se fue corriendo con el taburete a la habitación.
Ahora no sabia si decirle algo a su mama.
Ella conocía la identidad secreta de su papa.
Yo vi una vez al papa de Luly.
Era un señor grande y regordete, con una abundante barba blanca.
Al imaginármelo, tampoco me quedaron dudas y según lo relatado por Luly, todo encajaba perfectamente.
Recordé haber visto a Papa Noel el año pasado y pensándolo detenidamente, estoy casi seguro que era él.
Reflexioné un poco más, antes de decir nada y finalmente le dije a Luly que lo mejor era dejar las cosas como estaban, pues si sus papas no se lo habían contado, era seguro que habría algún buen motivo.
Ahora comparto con Luly este gran secreto y seguramente es por eso, que me siento tan unido a ella.

Moraleja: Las apariencias a veces engañan



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La bisabuela 
Hoy, al salir del colé, como mi mama decía que hacia buena tarde, me ha llevado a jugar un ratito con los columpios que hay en la plaza.
Cuando hemos llegado, me he encontrado con Marquitos.
Marquitos es un niño que conocí, cuando hacia calor y jugaba en el parque que hay al otro lado de mi casa.
Como iba de la mano de una señora que no era su mama, le he preguntado y me ha dicho que era su bisabuela.
Yo nunca había oído eso de bisabuela.
Marquitos, muy sonriente me dijo, que era la mama de la mama de su mama.
Menudo lío, la mama de la mama, de su mama.
- Entonces… ¿Cuantos años tiene? pregunte.
Marquitos, me dijo que él cree que tiene muchísimos…pero que no lo sabe, porque dice su mama, que no se debe preguntar a una señora la edad.
Su bisabuela es muy divertida, pues de vez en cuando le cuenta cuentos y también relatos de cuando ella era pequeña, aunque entonces muchas veces dice que no la entiende.
Asegura que los coches eran de caballos, …que hacia mucho frió en el invierno y que las muñecas se rompían si se caían de la mesa al suelo.
Marquitos me contó que un día, le enseño unas fotografías, pero se veían muy mal porque se les había ido el color.
De regreso a casa le pregunte a mi mama, donde estaba mi bisabuela.
Me parece que se puso un poco triste y me contó que un día, se tuvo que marchar al cielo y que esta muy lejos para que pudiéramos ir a verla.
Aunque quería haberle preguntado mas cosas de la bisabuela, no se porque, ya no lo hice.
Antes dormirme, recordé que cuando yo era pequeño, vivía en casa un pajarito muy bonito que paseaba por la mesa de la cocina, ya no me acuerdo de su nombre, pero un día por la mañana ya no estaba y mi papa me dijo, que también se había marchado al cielo.
Ya se pues, que son esas lucecitas que se ven por la noche.
Es la luz que sale por las ventanas de las casitas, de los que se han marchado a vivir al cielo, porque claro allí también es de noche.
Yo supongo que ellos también podrán ver nuestras luces, pero eso no lo sé.
Mañana cuando me levante se lo preguntare a mi mama y así podrá decirme cuales de esas lucecitas son las de mi bisabuela y las del pajarito.

Moraleja:La dulzura de los niños compensa la amargura de los hombres



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